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La BIOQUÍMICA de una lesión deportiva

noviembre 8, 2017
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Aún siendo consciente del enorme riesgo de restar lectores a este artículo, he introducido el concepto de BIOQUÍMICA para hablar de la respuesta del organismo ante una lesión o un traumatismo, ella está al final de todo proceso energético, regenerativo y adaptativo, como son los implicados en el entrenamiento deportivo. Con mucha frecuencia los atletas nos Consultan a los especialistas en Medicina Deportiva un hecho frecuente: “entrenó intensamente y sin embargo no progreso en las marcas”.

La respuesta está bien establecida en los numerosos principios Weider, en donde la nutrición juega además un papel fundamental. Nutrirse es la absorción, el transporte y la asimilación de los nutrientes ahí donde Son en cada momento más necesarios. Pongamos algunos ejemplos simples: algunos de los hidratos de carbono de la dieta pretenden proporcionar energía inmediata cuando son ingeridos durante un esfuerzo, los llamados refinados o simples, mientras que los llamados complejos, son los encargados de rellenar los depósitos de glucógeno antes o después de los entrenamientos. Las grasas, por otra parte, como los ácidos grasos poliinsaturados de cadena media (MCT).

Son utilizados como combustible en pruebas largas y contribuyen a la integridad de la membrana celular. Y los aminoácidos? Grandes investigadores obviaron su importancia de cara al rendimiento deportivo, aconsejando cifras como de tan solo 0,3 gr./kg de peso corporal al día. Sabemos que son ellos los grandes protagonistas de la construcción muscular, a pesar de que ocupan tan solo una pequeña parte de la composición del músculo, pues la mayor parte de él es agua, hasta un 85%. De un músculo importa su inervación, que caracterizará su función (lenta o resistente a la fatiga, también llamada fibra roja, tipo I o ST, o bien rápida o explosiva, denominada blanca, tipo II o FT), estando condicionado esto genéticamente, de forma que cada individuo nace con un número determinado de fibras de uno u otro tipo, invariable a lo largo de su vida. También importan los sustratos almacenados en ella.

Lípidos y glucógeno. Son cruciales también, dentro de la fibra muscular, los niveles de minerales existentes en Su citoplasma, pues condicionan el potencial eléctrico de la membrana que permite la transmisión del impulso eléctrico a lo largo de la célula cuando decidimos actuar. La alteración de su equilibrio o su carencia, sobre todo de sodio y magnesio, alteran el potencial y determinan la fatiga. La acumulación de potasio extracelular o de amonio, nos llevan igualmente al agotamiento, aún en presencia de abundantes substratos energéticos, debido precisamente a la ineficacia de esta transmisión eléctrica en su presencia.

Es también la fibra muscular una reserva importante de proteínas para el organismo, Tradicionalmente se ha admitido que el hígado y el músculo almacenan hidratos de carbono en forma de glucógeno (unos 100 y 400 gramos respectivamente). Sabemos también del importante acúmulo de lípidos en el tejido celular subcutáneo cuando excedemos la ingesta al gasto calórico diario, y conocemos los diferentes lugares de depósito de grasa en el hombre y la mujer. ¿Y las proteínas? Se ha afirmado que estas no se acumulan, que se eliminan las sobrantes, y que la dicha precisa cantidades poco importantes para satisfacer las necesidades diarias.

Esto no es del todo cierto. Recientes estudios muestran que las proteínas pueden jugarnos una mala pasada al depositarse en la capa íntima de la pared de los vasos sanguíneos, obstruyendo los poros que existen en los capilares, impidiendo el tránsito normal de algunos elementos y agua entre el torrente sanguíneo y el tejido intersticial, siendo posiblemente la causa de algunas enfermedades de origen desconocido, como la hipertensión (del 80% de los casos se desconoce realmente la causa). Esto sucede efectivamente cuando la ingesta de proteínas es elevada, cosa que ocurre con frecuencia en sujetos sedentarios, que incluyen elevadas cantidades de carne y pescado en su dieta, además de las otras importantes fuentes de proteínas, sin ser necesarias debido a su escaso consumo por su prácticamente inexistente esfuerzo muscular.

Pero en un deportista, cuyos músculos trabajan intensamente, estos están sometidos a un proceso constante de degradación. Cada esfuerzo realizado supone un gasto, no solamente energético, sino también estructural de nuestro Soporte muscular. Cada entrenamiento implica un compromiso posterior de compensación y esto acarrea la necesidad de aportar la materia necesaria para su reconstrucción. Pues bien, algunos de nuestros deportistas que “no creen” o no mejoran con el entrenamiento, puede ser debido a la “auto canibalización”, es decir, tras un ejercicio intenso, si no proporcionas al organismo los materiales necesarios para su reconstrucción, después del gasto derivado de esfuerzo físico, este recurre a sus depósitos, a sus reservas.

Así como el glucógeno y los lípidos son una reserva de hidratos de carbono y ácidos grasos, el propio músculo es una reserva de aminoácidos. Esta reserva es tomada como fuente cuando en el plasma circulante existe un déficit de aminoácidos. El Caso más claro e importante para los deportistas sometidos a grandes esfuerzos y con frecuencia a lesiones, es lo que sucede como respuesta a los traumatismos (microtraumatismos, como pequeñas “agujetas” o microtraumatismos.

Como roturas musculares o grandes contusiones). Esta respuesta es muy parecida a la sucede durante el ayuno, la como se deduce de los análisis realizados en muestras de Sangre y orina procedentes de pacientes traumatizados y de estudios en animales de experimentación. El músculo es el sitio que tiene la velocidad más alta de recambio proteico. Estudios realizados Sobre la Síntesis global de proteínas en el organismo.

Sugieren que en traumatismos leves no hay cambio en la degradación de proteínas, sino que desciende su velocidad. Sin embargo, la velocidad de degradación de proteínas aumenta en Casos de traumatismos más severos. Esto Sucede debido la presencia en sangre de altas concentraciones de catecolaminas y glucocorticoides, con la consiguiente pérdida rápida de proteínas corporales.

Es interesante la observación de que los traumatismos severos no dan lugar al aumento de la velocidad de degradación. Si la concentración de cuerpos cetónicos es alta. Los cambios metabólicos Observados después de un traumatismo deben ser resultado de Ciertas modificaciones en las concentraciones hormonales, como la disminución de Insulina y T3, junto con el aumento ya comentado de glucagón, glucocorticoides y catecolaminas. Esto puede explicar la hiperglucemia al aumentar la glucogenólisis y neoglucogénesis en el hígado.

Además, la disminución de la insulina explica el descenso de la velocidad de síntesis de proteína. El cortisol, principal representante de los glucocorticoides, puede llegar a triplicarse en el hombre tras traumatismos severos, como roturas importantes de fibras musculares, o simplemente tras entrenamientos muy intensos y prolongados. Una situación de degradación proteica aumentada masivamente en todo el organismo, no parece ser ideal para estimular los procesos de reparación y cura de tejidos dañados, que por otra parte puede alterar la capacidad inmunológica del organismo.

Esta alteración puede llevar a la disminución de las inmunoglobulinas, encargadas de la defensa del organismo contra agentes extraños (virus y bacterias), también llamada inmunidad. Del mismo modo, puede interferir en el mantenimiento del adecuado Volumen extracelular. Estas razones justifican que los deportistas con lesiones musculares severas, o sometidos a grandes cargas de entrenamiento, y por consiguiente un gran desgaste muscular, Sean tratados con grandes cantidades de glucosa y precursores de la insulina, e incluso en algunos casos graves con la propia hormona, con objeto de reducir la degradación generalizada de proteínas. Con la finalidad de reparar rápidamente el tejido dañado, parte de las proteínas corporales se utilizan en las células intactas para proporcionar aminoácidos (especialmente glutamina) necesarios para la producción de nucleótidos púricos y pirimidínicos, de cara a la síntesis de DNA y RNA durante la formación de células nuevas en el proceso de regeneración celular del tejido muscular dañado. Además de que los procesos de reparación implican división y crecimiento celular, los traumatismos pueden llevar a la proliferación de linfocitos en la respuesta inmune, por lo que el proceso de gluconeogénesis, utilizando aminoácidos, como la alanina, puede ser esencial para suministrar la glucosa suficiente para este proceso.

Por otra parte, si una lesión deportiva, o tras un entrenamiento muy severo, realizamos un período prolongado de inmovilización o de reposo, hemos de saber que las pérdidas Semanales de fuerza máxima es de hasta un 15 ó 20% en las extremidades. La musculatura del muslo, inmovilizada durante tres Semanas, puede llegar a reducir su fuerza máxima de los extensores de la rodilla hasta casi un 50% del Valor anterior. Además es la fibra de contracción rápida la que se atrofia más rápidamente, de modo que ante un período de inmovilización, los músculos que más peligran son el vasto interno, el glúteo mayor, los deltoides y la porción corta del tríceps braquial. Un músculo pues no debe permanecer inmovilizado, y técnicas como la electroestimulación y un correcto ajuste dietético son fundamentales para no perder oportunidades tras una electroestimulación y un correcto ajuste dietético son fundamentales para no perder oportunidades tras una lesión sobre todo cuando esta llega cerca de una importante competición deportiva. hecho este muy frecuente, pues es entonces, en el período de definición o de entrenamiento específico y de calidad cuando se trabaja con las mayores cargas y en el umbral del máximo rendimiento deportivo, donde el deportista vive encadenado al precipicio de la lesión. La clave como siempre es la correcta planificación del entrenamiento, el ajuste dietético y los suplementos, así como conocer los límites que la genética ha querido concedernos y por supuesto, asumirlos.